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viernes, 12 de junio de 2015

Investigación sobre el Té verde

INVESTIGACIÓN

Un compuesto del té verde es beneficioso en el síndrome de Down 

La falta de fondos impide desarrollar una terapia para personas con Down
El responsable del equipo de neurofarmacólogos del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas, Rafael de La Torre (d) conversa con asistentes al II Encuentro de Familias de Down Galicia.
El responsable del equipo de neurofarmacólogos del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas, Rafael de La Torre (d) conversa con asistentes al II Encuentro de Familias de Down Galicia. 
  
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Un grupo de investigadores que trata de desarrollar un compuesto a base de una sustancia presente en el té verde que mejora la vida de las personas con síndrome de Down podría abandonar su proyecto si se mantiene la falta de financiación, ha informado hoy uno de sus integrantes.
Expertos del Centro de Regulación Genómica (CRG) y del Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (IMIM) de Barcelona anunciaron hace un año que habían hallado evidencias de que un componente presente en el té verde, el 'epigalocatequina galato', mejora la memoria y el aprendizaje de las personas con síndrome de Down.
En los últimos meses han tratado de buscar fondos para proseguir la investigación con el objeto de desarrollar un preparado que contenga sólo el componente 'epigalocatequina galato', ya que hasta ahora se han suministrado cápsulas con extracto de té verde, para ofrecer sobres en polvo o algún producto lácteo. No obstante, no lo han logrado.
El responsable del equipo de neurofarmacólogos del IMIM, Rafael de La Torre, que se encuentra en Santiago de Compostela participando en el II Encuentro de Familias organizado por la Asociación Down Compostela con la asistencia de más de cuatrocientas personas, ha apuntado en una conversación con Efe que los investigadores están "a punto de tirar la toalla" porque no han alcanzado financiación y por esta razón ha hecho un llamamiento serio.
Los recortes en investigación ya han llevado a los equipos de estos centros a tener que suspender el estudio en niños pequeños del proyecto, que ha sido probado con éxito en un estudio con adultos.
"La situación es complicada", ha comentado De la Torre, y ha lamentado que los investigadores no lograsen desarrollar la idea por el hecho de que no haya laboratorios farmacéuticos interesados en ella, y, en concreto porque no tienen perspectivas de patentar la fórmula.
"Hacen falta recursos", ha urgido, y éstos especialmente para poder efectuar un estudio pediátrico, el cual permitiría desarrollar alguna fórmula idónea para suministrar 'epigalocatequina galato' y normalizar la función del gen 'Dyrk1A', que ayuda al cerebro a ser capaz de cambiar y adaptarse a nuevas situaciones".
La epigalocatequina galato general (EGCG) fue identificada en el año 2003 como un potente inhibidor de la actividad enzimática del gen que causa el deterioro cognitivo de las personas con el síndrome de Down.
A partir del año 2009 se inició la investigación en la que está implicado De la Torre, que evidencia que las personas que siguieron una suplementación de EGCG combinada con estimulación cognitiva mejoraban su capacidad de aprendizaje.
En los estudios en seres humanos participaron, en diferentes fases clínicas y preclínicas, 117 personas con el síndrome de Down de 16 a 34 años, en los que se fueron comparando los resultados tras administración de suplementos de EGCG.

jueves, 7 de agosto de 2014

¿Qué causa pies planos en niños con síndrome de Down?

Por Patricia C. Winders, PT, Denver, CO Down Syndrome News, Vol. 31, #4 
Foto 1
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Las personas con síndrome de Down corren el riesgo de sufrir problemas en los pies debido a la hipotonía y a la laxitud de los ligamentos. Ambas características contribuyen a la hipermovilidad de las articulaciones. Esto significa que los huesos del pie (ver foto 1) no están debidamente estabilizados y alineados para poder estar de pie y caminar. Sin el apoyo de ligamentos tensos, el talón (calcáneo) se inclina hacia adentro al igual que los huesos pueden desarrollar una mayor deformidad de los tobillos y las articulaciones. El uso prolongado de este patrón de postura al estar de pie y caminando puede provocar dolor.circundantes (talo y navicular). Cuando las fronteras interiores de los pies tocan el suelo, da la apariencia de que no hubiera arco (ver foto 2). El grado de pie plano varía de persona a persona. Si continúa sin tratamiento, el niño puede desarrollar una mayor deformidad de los tobillos y las articulaciones. El uso prolongado de este patrón de postura al estar de pie y caminando puede provocar dolor.
Foto #2
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¿Por qué los pies planos son un problema?
Foto 3
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Cuando el niño camina con esta postura, carga su peso en las fronteras interiores de los pies, ya que camina con una base más amplia y rotando las rodillas y pies hacia el exterior (ver foto 3).Este patrón ineficiente de caminado le obliga a dar pasos más cortos y caminar más lentamente. No aprende a girar la pelvis en el tronco y los músculos tienen que trabajar mucho más porque los huesos no están alineados de forma óptima. El niño debe utilizar más energía para caminar y se fatiga más rápidamente. Tiende a utilizar un patrón de pies pesados y a veces golpea sus pies. A medida que el niño crece, el aumento de peso en los ligamentos los extiende aún más. Si la postura del pie se hunde más, causando una alineación incorrecta de las rodillas y otras articulaciones, altera la mecánica del cuerpo y afecta la manera en que el niño corre, salta y guarda el equilibrio.
¿Qué puede hacerse al respecto?  
Hay muchas estrategias de tratamiento posible para los pies planos flexibles, dependiendo de la edad y las necesidades de la persona. El objetivo del tratamiento es proporcionar el apoyo adecuado a fin de facilitar un patrón eficiente de caminado con alineamiento óptimo en las piernas y pies (ver foto 4). Este logro proporciona la base para que el niño pueda realizar las actividades físicas que quiera. Cualquier estrategia para el manejo de los pies necesita tener en cuenta el tipo de calzado y el tipo de soporte en el zapato. Además, practicar habilidades motoras brutas desarrolla fuerza en los movimientos deseados ya que el niño necesita utilizar dinámicamente el soporte de los pies para beneficiarse plenamente de ellos. Correr, caminar en superficies irregulares, subir y bajar pendientes, patear un balón, ponerse en punta de pies, saltar, subir escaleras, subir y bajar de bordillos y trabajar en las habilidades de equilibrio, son todas buenas actividades que hay que promover.
Foto 4
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Los zapatos que el niño utilice para la actividad física deben tener suelas que sean muy flexibles en el área del recuadro de los dedos, de manera que se requiera de una fuerza mínima para poder
Foto 5
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flexionarlos (ver foto 5). El niño no podrá hacerlo si la suela es rígida, ya que el movimiento es limitado. Los zapatos también necesitan tener contrafuertes mediales y de talón que sean firmes, lo que da soporte de manera vertical al pie en el zapato. Con un apoyo de talón o medial débil, es probable que el zapato se incline hacia adentro para tomar la forma de la postura del pie del niño. Los zapatos de cordones son los mejores para mantener los pies sobre el soporte ya que es difícil cerrar herméticamente el Velcro y el pie tiende a inclinarse.
¿Qué tipo de soportes están disponibles? 
Hay muchos tipos de soportes, incluidas una variedad de plantillas (soportes plásticos para los pies), plantillas para zapatos y soporte de arcos. El equipo médico a cargo del tratamiento de los pies puede estar conformado por el PT, el ortopedista, el pediatra, el traumatólogo, los niños y los padres. La efectividad de los productos debe ser probada en cada niño y modificarse hasta que se logran los resultados deseados.  En mi experiencia, los niños generalmente toleran mejor los soportes flexibles que los rígidos. El tipo de soporte debe decidirse en base a cada caso, teniendo en cuenta 1) el grado de deformidad de los tobillos y de las rodillas y cómo afecta el caminado; 2) el tamaño y el peso de la persona; y 3) lo que es apropiado para el nivel de actividad y la edad. Éstos son factores importantes; sin embargo, el factor más importante es si la persona tolera el soporte ya que éste no será de ayuda si no puede utilizarlo.
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Si el niño acaba de comenzar a caminar y puede hacerlo de manera independiente sobre superficies niveladas, la manera más directa para soportar de forma óptima el pie es estabilizar el talón en la línea media hacia la posición vertical. Esto levanta los huesos contraídos para crear un arco suave en el pie. Sin embargo, se necesita el apoyo del talón para que pueda moverlo dentro de un rango leve dentro y fuera de la línea media. Esto se logra mejor con el sistema de estabilización dinámica Sure Step Dynamic Stabilizing system (ver foto 6)(www.surestep.net). Este sistema estabiliza el pie y el tobillo ya que comprime el pie y lo alinea gracias a un plástico muy ligero, delgado y flexible (diseño patentado único). Permite un movimiento más natural de pies y tobillos a la vez que mantiene una alineación apropiada al ponerse de pie, caminar y correr. Este sistema tiene líneas de corte específicas (diseño patentado) para que los dedos puedan permitir ponerse en cuclillas, saltar y correr. En mi experiencia, los niños toleran bien estas ortesis ya no se sienten restringidos. Los niños aprenden a flexionar el plástico (para hacer habilidades motoras gruesas) mientras que se benefician del alineamiento óptimo y de la estabilidad que proporciona. Con el tiempo, el niño aprende a utilizar un patrón de caminado eficiente con empuje de dedos hacia afuera y mejora la resistencia del niño.
Existen muchas variedades de plantillas o soportes de arcos que pueden utilizarse si el niño necesita menos soporte. El ortopedista puede dar a hacer soportes especiales o ajustar un modelo existente. Otros tipos de soportes pueden adquirirse en tiendas de zapatos o
Foto 7
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farmacias. Los plantillas (por ejemplo, Cascade dafo “Hot Dog” (ver foto 7) www.dafo.com)) suelen tener una copa en el talón (un espacio cóncavo para el talón) para apoyar el centro del talón en un espacio específico. Esto permite que el zapato soporte verticalmente el talón. Hay un arco longitudinal medial (algunos están llenos de espuma densa) que es largo y ancho para dar un soporte total a la longitud y anchura del arco. Para las personas con SD, es preferible una palanca de pie flexible (da soporte de la bola del pie hasta los dedos). Los zapatos de soporte proporcionan todos los beneficios de las plantillas.Para algunos niños y adultos, el soporte del arco que ya viene en los zapatos (como por ejemplo en los zapatos con buen soporte para caminar y correr) es adecuado y confortable para la actividad física.
¿Cuándo debo comprobar si es necesario soporte para los pies?  
Después de que el niño aprende a caminar, la postura y el soporte de los pies debe evaluarse anualmente para determinar las necesidades de la persona. El plan de manejo de los pies debe tomar en cuenta el peso del niño, su tamaño y las preferencias de actividades, así como la postura de los pies y las piernas mientras que camina y está de pie. Con el soporte correcto de los pies, el patrón del andar del niño mejorará y aumentará el nivel de actividad.
Algunos niños necesitan soporte en los pies antes de caminar de forma independiente, pero esto requiere de una evaluación cuidadosa, adaptada a los medios generales de movilidad del niño y la frecuencia de uso.

lunes, 28 de abril de 2014

Conversaciones con uno mismo» Soliloquio en adultos con síndrome de Down

Artículo publicado en el Blog del NDSC en español 

Por el Dr. Dennis McGuire, el Dr. Brian A. Chicoine y la Dra. Elaine Greenbau
¿Habla usted consigo mismo? Todos lo hacemos en momentos distintos y en situaciones diversas. En el Adult Down Syndrome Center del Advocate Lutheran General Hospital, hemos escuchado repetidas veces que los adultos con síndrome de Down hablan consigo mismos. En algunas ocasiones, lo que nos cuentan los padres y los cuidadores refleja una gran preocupación de que este comportamiento sea «atípico» y sintomático de problemas psicológicos severos.
La mayor finalidad de este artículo es prevenir que dichas conversaciones sean malinterpretadas como una señal de psicosis en adultos con síndrome de Down. Creemos que, demasiado a menudo, se ha equiparado hablar con uno mismo o con amigos imaginarios con «escuchar voces» y se ha tratado con medicación antipsicótica (como Haldol®, Mellaril®, or Risperdal®). Ya que es extremadamente complicado evaluar los procesos de reflexión de adultos con discapacidades cognitivas y habilidades comunicativas limitadas, rogamos tener una actitud prudente en cuanto a la interpretación y el trato de lo que parece ser un comportamiento común y, en ocasiones, muy útil para salir adelante en adultos con síndrome de Down.
El Adult Down Syndrome Center está destinado para atender las necesidades médicas y psicosociales de adultos con síndrome de Down. Nuestros informes indican que el 81% de los adultos observados entablan conversaciones consigo mismos o con amigos imaginarios.
Útiles conversaciones con uno mismo
Las familias y los cuidadores deben entender que este tipo de conversaciones no solo son «normales» sino también útiles. Juegan un papel esencial en el desarrollo cognitivo de los niños. Hablar solos les ayuda a coordinar sus acciones e ideas y parece ser una herramienta importante para aprender nuevas habilidades y llegar a un nivel de razonamiento superior. Suzy, de tres años, se dice a sí misma: «Esta pieza roja va en el hueco redondo». Entonces Suzy pone la pieza roja en el hueco redondo del rompecabezas.
Creemos que hablar solo cumple el mismo objetivo de dirigir el comportamiento en adultos con síndrome de Down. Consideremos el caso de «Sam» (nombre ficticio), de 22 años. Su madre nos cuenta la siguiente escena. Le pide a Sam que vaya a un evento familiar un domingo por la tarde. La rutina habitual de Sam es ir al cine los domingos por la tarde. Sam le dice a su madre que no irá con su familia. Entonces la madre le pide que lo piense mejor. Sam se marcha enfadado a su habitación y cierra de un portazo. Su madre escucha el siguiente diálogo:
—Deberías ir con tu familia, Sam.
—Pero yo quiero ir al cine.
—¡Hazle caso a tu madre!
—Pero el domingo es mi día del cine.
—Puedes ir el próximo domingo.
Su madre nos dijo que Sam fue al evento familiar pero a condición de que pudiera ir al cine el domingo siguiente. Puede que Sam haya estado hablando con una persona imaginaria o discutiendo consigo mismo; sin embargo, consiguió claramente lidiar con una situación que no era de su agrado.
En niños sin problemas de aprendizaje identificados, las conversaciones a solas se van interiorizando de manera progresiva con la edad. Además, los niños con habilidades intelectuales más altas parecen interiorizarlos antes. Mientras estas conversaciones se van transformando en un nivel de razonamiento superior, van disminuyendo y el niño empieza a pensar en vez de formular en voz alta las direcciones de su comportamiento. Por lo tanto, las dificultades intelectuales y comunicativas en adultos con síndrome de Down pueden contribuir a un alto predominio de conversaciones perceptibles de las que hemos sido informados en nuestro centro.
En general, las funciones de las conversaciones a solas en adultos no se han investigado o entendido bien. La experiencia común sugiere que los adultos continúan hablándose a sí mismos cuando están solos y se enfrentan a tareas nuevas o difíciles. Aunque este caso pueda ser mucho menos frecuente, parece que las conversaciones de adultos consigo mismos son equiparables con los resultados en niños: los adultos se hablan a sí mismos para dirigir su comportamiento y aprender nuevas habilidades. Ya que los adultos son más susceptibles a contextos sociales y puede que no quieran que se escuchen sus conversaciones privadas, lo realizan menos a menudo.
Adultos con síndrome de Down muestran cierta sensibilidad en cuanto a la naturaleza privada de sus conversaciones. Al igual que Sam en el ejemplo de arriba, los padres y los cuidadores comentan que estas conversaciones tienen lugar tras puertas cerradas o en escenarios donde los adultos creen estar solos. Tener problemas a la hora de juzgar qué es supuestamente privado y qué se considera «socialmente apropiado» también puede contribuir a la continuidad de conversaciones, fácilmente observables, en pacientes que visitan nuestro centro.
En la población general, hablar con uno mismo es a menudo algo notable y normalmente fácil de aceptar en personas mayores, al igual que sucede con los niños. En el caso de las personas mayores, el aislamiento social y la creciente dificultad de muchas tareas cotidianas pueden explicar por qué es cada vez más frecuente que hablen solos. Estas explicaciones también son aplicables para adultos con síndrome de Down: tienen un riesgo mayor de aislamiento social y los retos que suponen la vida diaria pueden resultarles abrumadores.
Además, hemos observado que muchos adultos con síndrome de Down se apoyan en este tipo de conversaciones para manifestar sentimientos como tristeza o frustración. Piensan en voz alta para procesar actividades del día a día. Esto se debe a que sus discapacidades verbales o cognitivas les reprimen a la hora de comunicarse. De hecho, los cuidadores a menudo se dan cuenta de que la cantidad y la intensidad de las conversaciones con uno mismo reflejan el número y la intensidad emocional de las actividades cotidianas experimentadas por personas con síndrome de Down.
Para los niños, los ancianos y los adultos con síndrome de Down, estas conversaciones pueden ser el único entretenimiento del que dispongan cuando están solos durante largos periodos de tiempo. Por ejemplo, una madre nos informó de que su hija «Mary» se pasó horas en su habitación hablando con «amigos imaginarios» tras mudarse a un barrio nuevo. Una vez que Mary empezó a participar más en las actividades sociales y laborales de su nuevo barrio, no tenía el tiempo o la necesidad de hablar con sus amigos imaginarios tan a menudo.
Por lo tanto, que los adultos con síndrome de Down hablen consigo mismos para solucionar problemas, desahogarse o entretenerse no debería ser considerado un problema médico o una enfermedad mental. De hecho, este tipo de conversaciones pueden ser una de las pocas herramientas de las que disponen para reivindicar cierto control sobre sus vidas y mejorar su sensación de bienestar.
Cuándo preocuparse
No es fácil establecer una diferencia clara entre aquellas conversaciones que deberían preocuparnos y aquellas que son útiles. En algunos casos, incluso gritarse de manera amenazante puede ser inofensivo. Que un adulto con síndrome de Down recurra a estas conversaciones no puede diferenciarse mucho de una persona que nunca dice palabrotas pero que grita una mala palabra cuando se da con el martillo en el pulgar. Estos arrebatos pueden significar simplemente un recurso inmediato, casi reflexivo, para algunas de las frustraciones de la vida.
Nuestro mejor consejo sobre cuándo preocuparse es escuchar atentamente los cambios en la frecuencia y el contexto de las conversaciones. Cuando predominen marcas de auto-denigración y auto-desprecio, sería razonable intervenir. Por ejemplo, puede que sea inofensivo que «Jenny» grite una vez «soy tonta» tras no conseguir hacer todo un pastel. Sin embargo, si Jenny empieza a decirse a sí misma una y otra vez «soy tonta y no sé hacer nada bien», sería el momento de preocuparse y hacer algo al respecto.
Un aumento notable en la frecuencia y un cambio de tono en estas conversaciones también pueden ser síntomas de que está surgiendo un problema. Por ejemplo, un cuidador comentó que «Bob» había empezado a hablar consigo mismo más de lo habitual y no solo en su habitación en la residencia social donde vivía. Bob parecía perder interés en sus compañeros de piso y pasaba más tiempo hablando solo. Bob conversaba consigo mismo, a veces muy alto y de manera amenazante, en la parada del autobús, en el taller y en la residencia. A Bob le diagnosticaron un tipo severo de depresión. Durante un periodo prolongado de tiempo, Bob empezó a responder a un antidepresivo y a su participación en un grupo de terapia.
En otro caso, «Jim» (al igual que Bob) aumentó de forma drástica las conversaciones consigo mismo. Jim se negaba a ir a su taller y a participar en actividades sociales en las que solía pasárselo bien. Resultó que el cambio en su comportamiento no se debía a una depresión. Al contrario, la familia de Jim y el personal de su taller descubrieron que estaba siendo intimidado y acosado por un compañero nuevo del grupo. Tras llevarse a este acosador del taller, Jim empezó a recuperar poco a poco ese sentimiento de confianza en la seguridad del taller. Tanto sus conversaciones como su interés de participación en actividades volvieron a niveles previos.
Un estudio más profundo del contenido, el contexto, el tono y la frecuencia de las conversaciones a solas en adultos con síndrome de Down podría proporcionarnos un mayor entendimiento de esas palabras interiores y privadas. Lo que hemos observado y escuchado por parte de las familias y los cuidadores sugiere que hablar consigo mismo es importante como herramienta para solventar problemas y pocas veces tiene que ser considerado un síntoma de una enfermedad mental severa o de psicosis. Un cambio drástico al hablar a solas puede ser indicio de un problema de salud mental o situacional. A pesar de la naturaleza inusual o chocante de estas conversaciones, nuestra experiencia en el centro nos indica que esta actividad permite a adultos con síndrome de Down solucionar problemas, liberar sus emociones, entretenerse y controlar los eventos de su vida diaria.
Down Syndrome News Volumen 28, Número 4 /Artículo en inglés Revista Down Syndrome News del NDSC
Nota del editor: Este artículo fue publicado originalmente en 1997 en Disability Solutions, Vol. 2, No. 2,  y los extractos se publican aquí con la debida autorización.


Traducción realizada para el National Down Syndrome Congress por Lucía Dominguez García dentro del marco de la iniciativa PerMondo y con el apoyo de la empresa de traducción Mondo Agit. Enlace desde “PerMondo” a www.mondo-lingua.com  Enlace desde donde dice “empresa de traducción” a www.mondoagit.es

miércoles, 5 de junio de 2013

Nota de la página Down 21 ¿Se puede extirpar el cromosoma 21 extra?

Nota extraída de la página www.down21.org

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¿Se puede extirpar el cromosoma 21 extra?
Noticias de la Fundación
Escrito por R. G-Jordana   
Viernes, 16 de Noviembre de 2012 05:45


¿Se puede extirpar el cromosoma 21 extra de las células presentes en el síndrome de Down?


Ésta es la pregunta que ha surgido a partir de un trabajo de investigación publicado el 3 de noviembre de 2012 en la revista Cell Stem Cell. Su título es el siguiente:

Trisomy correction in Down syndrome induced pluripotent stem cells
(Corrección de la trisomía en células madre pluripotentes inducidas en el síndrome de Down)



Es fácil que una persona poco versada en estos temas deduzca a partir de ese título que resulta posible quitar el cromosoma 21 extra a una persona con síndrome de Down. Y con esta idea han aparecido estos días varias preguntas y afirmaciones.

Pero la realidad no es ésa.

El experimento descrito en ese artículo ha consistido en lo siguiente:

Se extrajeron unas células llamadas fibroblastos a partir de una biopsia de piel de una persona adulta con síndrome de Down; lógicamente eran células trisómicas (con 3 cromosomas 21). Fueron sometidas a cultivo en una placa y, mediante métodos apropiados, se las convirtió en células madre pluripotentes, es decir, células con capacidad para transformarse en otras de diversos tipos y tejidos. Estas células madre seguían siendo trisómicas. A continuación, y valiéndose de un vehículo adenovírico, se introdujo un transgén sintético, no natural, llamado TKNEO con capacidad para hacer una selección negativa o positiva, y se colocó teniendo como diana específica al gen APP situado en uno de los cromosomas 21. Crecidas en un ambiente selectivo contra el gen TKNEO, algunas de las células seleccionadas habían perdido uno de los tres cromosomas 21, convirtiéndose en células disómicas.

¿Para qué pueden servir estas técnicas?

El Dr. Russell, director de esta investigación, afirmó lo siguiente: “Por supuesto no estamos proponiendo que el método descrito por nosotros sirva como tratamiento del síndrome de Down. Lo que pretendemos es ver la posibilidad de que los científicos puedan generar terapias celulares para algunos de los trastornos sanguíneos que acompañan al síndrome de Down (leucemias). Por ejemplo, algún día las personas con síndrome de Down que hayan desarrollado leucemia pueden disponer de células madre derivadas de sus propias células, y a esas células puestas en cultivo se les podrá corregir su trisomía; y así a esas personas se les podrá trasplantar sus propias células, pero sin trisomía, células sanguíneas normales que ya no promoverán la leucemia”.

“Además, la capacidad de generar células madre con y sin trisomía 21 a partir de las células de una misma persona podría llevarnos a comprender como se originan los problemas propios del síndrome de Down. Porque las líneas celulares serían genéticamente idénticas, con la única excepción de que una tendría un cromosoma extra. El investigador sería capaz de contrastar, por ejemplo cómo se forman las neuronas a partir de las dos líneas celulares, y analizaría los efectos de la trisomía 21 sobre el desarrollo neuronal; lo cual, a su vez, serviría para comprender mejor los trastornos cognitivos, o el declive en el envejecimiento; o cómo aparecen los problemas en la formación del corazón, que originan las cardiopatías congénitas”.

“Otra aplicación estaría en la investigación de la medicina regenerativa a partir de las células madre, en las que pueden aparecer células trisómicas en el curso del cultivo celular. La metodología descrita podría servir para conseguir que las células trisómicas volvieran a ser disómicas”.

Una de las ventajas de este método es que, una vez desaparecido el cromosoma extra, no deja nada detrás que pudiera ser perjudicial para la célula. Es necesario que el método de eliminación del cromosoma no provoque una alteración del código genético.

lunes, 30 de julio de 2012

Artículo que nos mandan para compartir con todos.


Objetivos y Oportunidades De La Fisioterapia Para Los Niños
 Con Síndrome Down

Patricia C. Winders


RESUMEN


El objetivo adecuado de la fisioterapia para los niños con síndrome Down no es acelerar la velocidad del desarrollo motor grueso, como se suele asumir. El objetivo es reducir el desarrollo de patrones de movimientos compensatorios anormales, a los que los niños con síndrome Down suelen ser propensos. La fisioterapia temprana marca una diferencia decisiva en el resultado funcional a largo plazo de los niños con síndrome Down. Pero más allá de este objetivo, la fisioterapia pone a disposición de los padres una oportunidad adicional. Ya que el desarrollo del motor grueso es la primera tarea de aprendizaje con la que el niño se encuentra, ofrece a los padres su primera oportunidad para explorar el modo de aprender que tiene su hijo. Tenemos cada vez más datos de que los niños con síndrome  Down tienen un estilo propio de aprendizaje. Comprender cómo aprenden resulta crucial para unos padres que desean no sólo facilitar el desarrollo de las habilidades de motor grueso sino también tener éxito en otras áreas de la vida como son el lenguaje, la educación o el desarrollo de habilidades sociales.

Me abordó recientemente una madre de un bebé con síndrome Down sobre cómo iniciar la fisioterapia de su hijo. Y empezó la entrevista preguntándome: “Si empezamos ahora la fisioterapia, ¿en que se notará la diferencia cuando mi hijo tenga 9 o 10 años?” ¡Vaya pregunta importante! Porque es exactamente el modo en que debe enfocar la fisioterapia y, de hecho, es exactamente la manera en que debería pensar sobre todos los servicios que haya de proporcionar a su hijo. Se ha centrado en el resultado funcional a largo plazo de su hijo. Ésta es la pregunta y el centro de interés que han guiado mi trabajo durante muchos años. Este artículo quiere responder a su pregunta. ¿Cuál será la diferencia dentro de unos años, cuando su hijo sea un adolescente o un adulto, por el hecho de haber tenido o no fisioterapia cuando era un niño? Este artículo tratará sobre el objetivo de la fisioterapia en los niños con Síndrome  Down, y después, mirando más allá de este objetivo, analizará la oportunidad adicional que se brinda a los padres mientras su hijo recibe la fisioterapia.

El objetivo de la fisioterapia


            Antes de analizar cuál es el objetivo de la terapia física para los niños con Síndrome Down, es necesario conocer cuál no es. El objetivo de la fisioterapia no es acelerar la velocidad del desarrollo del motor grueso. Esta afirmación plantea más controversia de lo que parece a primera vista. Muchos padres, muchos fisioterapeutas y muchas compañías de seguros suponen que el valor de la fisioterapia puede ser medido en si el niño adquiere o no sus habilidades de motor grueso con más rapidez. Ciertas técnicas terapéuticas se promocionan a sí mismas diciendo que los niños que son tratados con esa técnica desarrollan antes sus habilidades motoras. Sin embargo, su uno empieza con la premisa de que el objetivo de la fisioterapia es acelerar la velocidad del desarrollo del motor grueso, entonces va a tener que responder a la pregunta planteada por esa madre. ¿Cuál es la diferencia a los 9 o 10 años por el hecho de que un niño haya andado a los 21 en lugar de a los 24 meses? ¿Cómo va a afectar esa diferencia de tres meses al resultado funcional a largo plazo del niño? No creo que influya para nada; y por eso, no creo que sea ése el objetivo apropiado de la fisioterapia en los niños con Síndrome Down. La velocidad del desarrollo del motor grueso en estos niños está influido por varios factores que son:
·      la hipotonía
·      la laxitud de ligamentos
·      la reducción de la fuerza
·      la cortedad de brazos y piernas

Estos factores están determinados por la genética, y aunque algunos pueden ser influidos por la fisioterapia, no van a ser modificados en lo fundamental.
            Entonces, ¿cuál es el objetivo de la fisioterapia en estos niños? Los niños con Síndrome Down tratan de compensar su hipotonía, su laxitud ligamentosa, su menor fuerza y la cortedad de sus extremidades desarrollando patrones de movimientos compensatorios que, si se les deja persistir, terminaran a menudo en problemas ortopédicos y funcionales. El objetivo de la fisioterapia es el de restringir al máximo el desarrollo de estos patrones de movimientos compensatorios, que los niños con Síndrome Down son propensos a desarrollar.
            La marcha es un primer ejemplo. La laxitud de ligamentos, la hipotonía y la debilidad de las piernas tienden a bajar la posición de la extremidad con abducción de la cadera y rotación externa, hiperextensión de las rodillas, y pronación y eversión de los pies (v. fig. 1). Los niños con Síndrome Down aprenden por lo general a andar con sus pies bien separados, sus rodillas rígidas, y sus pies rotados hacia fuera. Lo hacen así porque la hipotonía, la laxitud de ligamentos y su debilidad hacen menos estables a sus piernas. Fijar sus rodillas, ampliar su base y rotar sus pies hacia fuera, son estrategias todas ellas dirigidas a aumentar la estabilidad. Pero el problema está en que éste es un patrón de marcha ineficaz para andar. El peso se grava sobre los bordes interiores o mediales de los pies, siendo así que los pies están diseñados para que se grave el peso sobre los bordes exteriores. Si se deja persistir a este patrón de marcha, aparecerán problemas de rodillas y de pies. El andar será doloroso y disminuirá la resistencia. La fisioterapia habrá de iniciar enseñando al niño con Síndrome Down, cuando todavía es muy pequeño, la postura correcta para mantenerse erguido; es decir, los pies colocados debajo de las caderas con sus puntas rectas hacia delante, con las rodillas ligeramente dobladas (v. fig. 2). Con una fisioterapia apropiada, se reducirán al mínimo o se evitarán los problemas de la marcha (v. fig. 3).
            Otro ejemplo es la posición del tronco. La laxitud ligamentosa, la hipotonía y la menor fuerza en los músculos del tronco favorecen el desarrollo de cifosis, que se ve a menudo cuando el niño está aprendiendo a sentarse. Los niños con Síndrome  Down aprenden por lo general a sentarse con una inclinación posterior de la pelvis, el tronco algo acombado y la cabeza  descansando sobre los hombros (v. fig. 4).Nunca aprenden a mover su pelvis activamente hacia una posición vertical, hacia arriba, y por tanto no pueden mantener su cabeza y tronco erguidos sobre ella. Si se deja que esta posición persista, terminará al final por interferir el movimiento de una respiración normal y por reducir la capacidad de rotar el tronco. La fisioterapia debe enseñar al niño a tener una postura apropiada cuando está sentado, prestándole apoyos en los sitios adecuados incluso antes de que el niño llegue a sentarse de modo independiente (v. fig. 5). Primero, el terapeuta proporciona apoyo a la parte superior del tronco, después a la porción media del tronco, después entre la escápula y la cintura, después en la cintura y por fin en la pelvis. El apoyo prestado en cada nivel mantiene la columna y la pelvis en un alineamiento adecuado hasta que el niño desarrolle la fuerza para mantenerlo por sí mismo. Esta fisioterapia realizada de manera adecuada es la que reduce al mínimo los problemas de posición del tronco (v. fig. 6).
            Los servicios de fisioterapia:
·      han de preocuparse del resultado funcional final;
·      han de tratar de reducir al mínimo el desarrollo de patrones compensatorios del movimiento;
·      han de basarse en una completa comprensión de estos patrones de compensación que los niños con Síndrome Down tienden a desarrollar;
·      han de estar diseñados de manera estratégica para ir dando fuerza de forma activa a los correspondientes grupos musculares, de modo que el niño desarrolle modelos óptimos de movimientos;
·      han de concentrarse en la marcha, las posturas y el ejercicio.

Por consiguiente, la respuesta a la pregunta de aquella madre es que la fisioterapia en el niño pequeño con Síndrome Down marcará una enorme diferencia no sólo cuando ese niño llegue a tener 9 o 10 años, sino también cuando sea adolescente y adulto. La fisioterapia puede y debe conseguir adultos que sean más sanos y más funcionales.

La oportunidad de la fisioterapia


            Si la fisioterapia ha sido capaz de restringir al máximo el desarrollo de los patrones anormales del movimiento, habrá influido sobre la salud del niño a todo lo largo de su vida. Pero en realidad existe una oportunidad que va más allá del desarrollo de las habilidades motoras, oportunidad de la que los padres puede que deseen aprovecharse mientras su hijo recibe la fisioterapia.
            Hay cada vez más datos de que los niños con Síndrome Down no aprenden de un modo igual a como lo hacen los demás niños. Tiene un estilo diferente de asimilar la información y, por tanto, los métodos habituales de enseñanza resultan menos eficaces. El desarrollo de las habilidades de motor grueso es la primera tarea de aprendizaje que el niño con Síndrome Down y sus padres van a afrontar juntos. Han de venir otros muchos desafíos como son el lenguaje, la educación o el aprendizaje de habilidades sociales, pero el aprendizaje de las de motor grueso es sin duda el primero en el desarrollo del niño. Pues bien, los padres van a tener la oportunidad de utilizar el campo propio del desarrollo del motor grueso para empezar a comprender como aprende su hijo. De modo que el saber cómo facilitar el aprendizaje de su hijo va a ser crítico para tener éxito en su papel de colaboración a lo largo de toda su vida.
            Wishart (1991), una psicóloga de la Universidad de Edimburgo, ha estudiado con detalle cómo aprenden los niños con Síndrome Down. Y escribe:

            “A pesar de que no existen datos adecuados sobre el desarrollo, se ha seguido suponiendo en la teoría y en la práctica que el proceso de aprendizaje en los niños con Síndrome Down es esencialmente una versión a ritmo más lento del desarrollo cognitivo normal. Cada vez hay más estudios que sugieren que quizá este enfoque de ‘desarrollo lento’ esté mal fundamentado y que el aprendizaje puede ser distinto en estructura y organización del que encontramos en niños normales... (p. 28-29).
            Los niños con Síndrome Down muestran de modo constante una ejecución más pobre, mostrando conductas de evitación en muchas de las tareas que se les presenta, con independencia de si estas tareas están por encima o por debajo de su actual nivel de desarrollo. Una vez conseguidas, las nuevas habilidades tardan en consolidarse, pudiendo desaparecer del repertorio del niño en los meses siguientes. En los estudios de seguimiento de un amplio espectro de tareas se aprecia esta tendencia a desconectar de las tareas cognitivas, de modo que muchos niños muestran fallos en ítems que deberían encontrarse claramente dentro de sus capacidades, porque habían sido bien ejecutados en sesiones anteriores... (p. 29).
            Con independencia de si estos perfiles de actuación irregular reflejan una inestabilidad genuina del desarrollo o son el resultado de una motivación fluctuante en las situaciones en las que se realiza la evaluación, cabe pensar que si la conducta mostrada durante el test es típica de la conducta en otras situaciones de la vida diaria, es porque el propio desarrollo se ve comprometido (p. 29).

            La investigación sobre el estilo de aprendizaje de los niños con Síndrome Down está en sus primeras etapas. Kumin (2001) y Oelwein (1995) han aportado también contribuciones importantes en esta área. En su libro Classroom Language Skills for Children with Down Syndrome: A Guide for Parents and Teachers, Kumin analiza el modo en que la visión penetrante de Howard Gardner puede aplicarse a los niños con Síndrome Down. El libro de Gardner Frames of Mind (1983) presenta la teoría de las inteligencias múltiples, que postula que la inteligencia tiene múltiples facetas. La teoría mantiene que además de las inteligencias lingüística y matemática, existe la inteligencia espacial, interpersonal, musical y muchas otras más. Kumin muestra su experiencia  de que muchos niños con Síndrome Down aprenden mejor con la ayuda de la música. Ha escrito también sobre el especial estilo de aprendizaje que estos niños muestran, y cómo ello repercute en los referente al aprendizaje del habla y el lenguaje (Kumin, 1994).
            Oelwein (1995) ha escrito también sobre el estilo de aprendizaje de los niños con Síndrome Down y el modo en que ello influye sobre la educación. Ha puesto de relieve la necesidad de ayudarles positivamente para que la información pueda ser archivada, almacenada y evocada de modo eficaz. Su libro Teaching Reading to children with Down syndrome: A guide for Parents and Teachers ofrece una guía completa y paso a paso para enseñar a leer a los niños con Síndrome  Down. Todo este trabajo apunta a la importancia que tiene para los padres el comprender el modo en que su hijo asimila la información, de modo que consigan ser auténticos cómplices en el aprendizaje del niño.

Unos consejos prácticos


            Mi experiencia ganada en 21 años de hacer fisioterapia a los niños con Síndrome  Down me ha llevado a la convicción de que, ciertamente, aprenden de manera diferente y que es necesario modificar nuestro sistema de abordaje si queremos obtener el mejor resultado. Considero que la gran oportunidad de mi trabajo es ayudar a los padres a que empiecen a entender cómo aprenden sus hijos. De este trabajo de muchos años he sacado los siguientes “consejos” que los ofrezco como un punto de partida para que los padres y los terapeutas comiencen a explorar el peculiar estilo de aprendizaje de estos niños.
            1. Los niños con Síndrome Down tienen menor capacidad para generalizar. Eso significa que la habilidad aprendida en un contexto no es necesariamente utilizada en otro. Por ejemplo, un niño puede ser muy competente para subir las escaleras de su casa pero, cuando se enfrenta con las escaleras de otro sitio, puede regresar a utilizar estrategias mucho más primitivas, hasta que consigue volver a aprender en esta nueva situación.
            2. Los niños con Síndrome  Down necesitan recibir una información que esté dividida en piezas pequeñas. Tengo la experiencia de que cuando un niño parece haberse estacionado, es probable que el problema consista en que la información siguiente que se le ha dado es demasiado extensa y necesita que se la desmenuce más.
            3. La estructura es crucial y ha de ser lo más perfecta posible. Los niños con Síndrome  Down necesitan estructura, constancia y un ambiente familiar si trata de conseguir que actúen muy bien. No pretenda hacer algo nuevo o exigente cuando el niño está cansado, hambriento o cuando no está en su mejor momento por lo que sea. La calidad del trabajo que realizan juntos es mejor que la cantidad. Reduzca los motivos de distracción en el ambiente.
            4. Siga la dirección que el niño le marca. Tiene que estar motivado para conseguir una determinada habilidad. Intentar imponer su voluntad a un niño con Síndrome Down es batalla perdida. A menudo yo trato de modelar mi estilo de interacción siguiendo el de sus padres. Porque es familiar para el niño y será probable que tenga éxito.
            5. Esté atento a cómo reacciona el niño cuando aprende las nuevas habilidades del motor grueso. Algunos niños son precavidos mientras que otros se arriesgan más. El precavido prefiere mantenerse en una posición mientras que el arriesgado prefiere moverse. Por ejemplo, al aprender a andar, el precavido querrá cantidad de apoyos y se enfadará si se cae. Al arriesgado le gustará andar porque significa movimiento, y no le preocupará tener apoyos ni cuántas veces se cae.
            6. Sepa cuándo parar. Algunos niños sólo querrán repetir dos veces un determinado movimiento e insistirán en hacer otros distintos. Y otros se sentirán felices de repetir docenas de veces. Organice el juego de forma que el niño alcance el éxito y evite la frustración.
            7. Siga una estrategia para planificar la sesión. Practique lo que el niño está preparado para aprender. Ataque las habilidades más difíciles pronto, antes de que el niño esté cansado. Alterne las tareas difíciles con otras más fáciles, con el fin de que tenga tiempo para recuperar sus fuerzas.
            8. Tenga preparada una estrategia para prestar su apoyo. Estos niños tienden a hacerse rápidamente dependientes del apoyo. Préstelo lo menos posible dentro de que el niño pueda conseguir lo que usted se había propuesto, y retírelo lo antes posible.
            9. Aprenderán primero las habilidades de una manera algo burda y después las irán refinando. Por ejemplo, inicialmente los niños aprenderán a andar con una base amplia y sus pies rotados hacia fuera. Como antes he explicado, éste no es el modelo óptimo de marcha pero se le debe permitir inicialmente, para ir mejorando después mediante el aprendizaje de habilidades siguientes a las de la marcha.
            10. No interfiera las habilidades ya aprendidas en las que el niño ha conseguido su independencia. No conseguirá introducir los cambios y el niño lo verá sólo como un aguafiestas. Habrá de introducir los cambios en el siguiente nivel de desarrollo motor. Por ejemplo, algunos niños, en lugar de aprender a andar a gatas sobre sus dos rodillas aprender a hacerlo sobre una rodilla y un pie. Una vez que se ha establecido este patrón y el niño llega a dominarlo, no conseguirá usted modificarlo y sólo hará que el niño se enfade. Enséñele a usar sus dos rodillas para subir escaleras en lugar de interferir el patrón que ya ha adquirido.
            11. Los niños con Síndrome Down aprenden de acuerdo con un proceso gradual.

a)     La primera etapa es la introducción de una nueva habilidad. Y hay que introducirla lenta y cuidadosamente, siendo el objetivo sencillamente hacer que el niño tolere el movimiento.
b)    La segunda etapa es la familiarización. En ella el niño se acostumbra a la nueva habilidad y al modo de sentirse físicamente con ella. Es la fase de “Ya lo tengo” en la que el niño entiende el juego y lo que se le pide con él.
c)     La tercera etapa es la colaboración. El niño aumenta su colaboración y cooperación, y al mismo tiempo se le va retirando el apoyo.
d)    La etapa final es la independencia en la que el niño domina la habilidad aprendida y la realiza de modo independiente, sin apoyo.

Estos diez consejos se ofrecen a título de ensayo, a sabiendas de que están lejos
de ser respuestas definitivas. Se necesita mucha más investigación para empezar realmente a comprender el estilo de aprendizaje de los niños con Síndrome  Down. Resulta crucial, sin embargo que los padres ganen en habilidad para facilitar el aprendizaje de su hijo. De lo contrario, como afirma Wishart (1995), “podemos correr el riesgo de transformar aprendices dispuestos a cambiar lenta pero voluntariamente, en aprendices que rechazan el cambio” (p. 62).

Conclusiones


Los padres que por primera vez asumen la responsabilidad de atender y cuidar a un niño con Síndrome Down se ven confrontados con un conjunto confuso de opciones y de oportunidades. Puede ser difícil saber dónde concentrar su tiempo y recursos que son limitados. Espero que este artículo proporcione a padres y a cuidadores un punto de inicio y un marco para tomar decisiones sobre lo que es realmente importante. Han de pensar sobre las terapias que se les proponga exactamente como la madre que he descrito en el primer párrafo de este artículo, desde la perspectiva del resultado funcional a largo plazo para el niño. La fisioterapia es un servicio crucial, no porque vaya a acelerar la velocidad con que el niño se desarrolla, sino porque mejorará ese resultado funcional a largo plazo, al impedir que se desarrollen patrones de movimientos anormales que habrían de convertirse en problemas más serios al llegar la adolescencia y la adultez. En segundo lugar, porque el desarrollo de las habilidades de motor grueso es la primera tarea de aprendizaje con la que el niño se encuentra, y da a los padres y educadores la oportunidad de aprender cómo aprende ese particular niño. Permita que el resultado funcional a largo plazo guíe sus decisiones sobre qué hay que trabajar, y que la comprensión del estilo de aprendizaje del niño guíe sus decisiones sobre cómo trabajar con él.

Bibliografía

   Gardner H. Frames of Mind: The Theory of Multiple Intelligences. New York, Basic Books 1983.
   Kumin L. Classroom Language Skills for Children with Down Syndrome: A Guide for Parents and Teachers. Bethesda, Woodbine House 2001.
   Kumin L. Communication Skills in Children with Down Syndrome: A Guide for Parents. Rockville, Woodbine House 1994.
   Oelwin P. Teaching Reading to Children with Down Syndrome: A Guide for Parents and Professionals. Bethesda, Woodbine House 1995.
   Winders P. Gross Motor Skills in Children with Down Syndrome: A Guide for Parents and Professionals. Bethesda, Woodbine House 1997.
   Wishart JG. Cognitive abilities in children with Down syndrome: developmental instability and motivational deficits. En: Epstein CJ, Hassold T, Lott IT, Nadel L, Patterson D (Eds). Etiology and Pathogenesis of Down Syndrome. New York, Wiley-Liss 1995.
   Wishart JG. Taking the initiative in learning: a developmental investigation of infants with Down syndrome. Int J Disabil Develop Educat 1991; 38: 27-44.

Gracias Sr. Siddig, por mandarnos este artículo para compartir!!